¿Por qué algunas personas descubren que tienen dislexia cuando diagnostican a sus hijos?

persona mayor deja de interesarse

A veces, el diagnóstico de dislexia de un hijo hace que algunas piezas empiecen a encajar también en casa. Durante la evaluación se habla de dificultades con la lectura, de faltas de ortografía que persisten con los años o de todo el esfuerzo que puede haber detrás de tareas que para otras personas parecen sencillas. Y quien está escuchando empieza a pensar en su propia infancia.

«A mí también me pasaba». «Siempre he leído despacio». «En el colegio tenía muchísimas faltas». «Todavía hoy tengo que releer algunas cosas varias veces».

Es una situación que encontramos en personas adultas que llegan a preguntarse por primera vez si podrían tener dislexia. Hasta ese momento habían convivido con esas dificultades sin darles un nombre. El diagnóstico de un hijo puede convertirse en el punto de partida para mirar hacia atrás y entender de otra manera experiencias que llevan acompañándoles desde hace años.

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La dislexia puede pasar desapercibida hasta la edad adulta

Hoy conocemos mucho mejor la dislexia que hace unas décadas. Por eso hay personas adultas que pasaron toda su etapa escolar sin que nadie planteara una evaluación.

Quizá aprendieron a desenvolverse dedicando más tiempo a estudiar, evitando leer en voz alta o revisando varias veces cualquier texto antes de entregarlo. Otras recuerdan que se les daba bien comprender una explicación, pero tenían muchas más dificultades cuando tenían que expresarla por escrito.

Con los años, muchas de estas estrategias se incorporan a la rutina. Si has releído los correos tres veces antes de enviarlos durante buena parte de tu vida, probablemente ya ni siquiera pienses en ello como una dificultad. Simplemente es la manera en la que has aprendido a trabajar.

Esto ayuda a entender por qué una persona puede llegar a los 30, 40 o 50 años sin haberse planteado nunca una evaluación de dislexia.

"Hay dificultades con las que aprendemos a convivir hasta el punto de dejar de preguntarnos por qué están ahí. A veces, el diagnóstico de un hijo es lo que hace que volvamos a mirarlas."

¿Por qué el diagnóstico de un hijo puede hacer que empieces a reconocerte?

Durante una evaluación infantil, la familia recibe información sobre qué es la dislexia y cómo puede manifestarse. Se habla de lectura, escritura, fluidez, ortografía y de la historia de aprendizaje del menor.

Al escuchar estas explicaciones, algunas personas empiezan a reconocer experiencias propias.

Puede que recuerdes lo mucho que te costaba estudiar un tema aunque después fueras capaz de explicarlo perfectamente. Quizá siempre hayas pensado que eras una persona lenta leyendo o que simplemente «se te daba fatal escribir». También puede que hayas desarrollado estrategias tan eficaces que las dificultades originales apenas sean visibles para quienes te rodean.

El diagnóstico de un hijo aporta un marco nuevo desde el que interpretar todo eso.

Eso no significa que compartir alguna dificultad confirme que también tengas dislexia. Para saberlo hace falta estudiar tu caso de forma individual.

Depresión o demencia, cómo empezar a diferenciarlas

Distinguir entre ambas no es sencillo ni debería hacerse sin evaluación profesional, pero existen algunas pistas orientativas:

En la depresión, la persona suele ser consciente de su propio malestar, puede describir cómo se siente si se le pregunta directamente, y el inicio del cambio suele ser más identificable en el tiempo (tras una pérdida, un cambio vital, una enfermedad).

En el deterioro cognitivo, es más frecuente que la propia persona no perciba el cambio con la misma claridad, que aparezcan además pequeños fallos de memoria o desorientación, y que el inicio sea más gradual y difícil de situar en el tiempo.

Ambos cuadros pueden coexistir, y de hecho la depresión es un factor de riesgo conocido para el deterioro cognitivo posterior. Por eso, ante la duda, la recomendación siempre es la misma: una valoración especializada, no la suposición desde casa.

La dislexia tiene un componente familiar

Que este descubrimiento ocurra a raíz de la evaluación de un hijo tampoco es casual. La investigación lleva años mostrando que existe un componente genético importante en la dislexia y que su aparición está relacionada con la combinación de distintos factores genéticos y ambientales. Una revisión científica sobre los factores de riesgo de la dislexia del desarrollo recoge precisamente el peso de esa contribución genética.

También se han estudiado durante años familias en las que existen antecedentes de dificultades lectoras. Las investigaciones encuentran un mayor riesgo entre familiares de primer grado, aunque tener antecedentes familiares no permite determinar por sí solo quién tiene o tendrá dislexia.

Por eso, cuando se realiza una evaluación neuropsicológica, conocer la historia familiar aporta información, pero nunca sustituye a la valoración de la propia persona.

Que tu hijo tenga dislexia puede ser una razón para prestar atención a tu propia historia. No es suficiente para concluir que tú también la tienes.

Señales que pueden cobrar otro sentido cuando miras hacia atrás

Muchas personas que se plantean una evaluación en la edad adulta llevan años desenvolviéndose con normalidad en su trabajo, sus relaciones y su vida cotidiana. Por eso, más que buscar una señal aislada, resulta útil observar si existe una historia continuada de dificultades relacionadas con la lectura y la escritura.

Puede que algunas situaciones te resulten familiares:

  • Desde el colegio has necesitado más tiempo para leer.
  • Las faltas de ortografía han persistido a pesar de conocer las normas.
  • Leer en voz alta siempre te ha resultado especialmente incómodo.
  • Necesitas releer algunos textos para asegurarte de haberlos comprendido.
  • Te resulta mucho más sencillo explicar una idea hablando que ponerla por escrito.
  • Has desarrollado trucos para recordar cómo se escriben determinadas palabras.
  • Evitas algunas tareas relacionadas con la lectura o la escritura cuando puedes.

Una persona puede reconocerse en alguno de estos ejemplos sin tener dislexia. También existen otros motivos que pueden explicar determinadas dificultades lectoras o de escritura.

Lo relevante está en conocer cómo han aparecido esas dificultades a lo largo de tu vida y qué procesos pueden estar detrás de ellas.

Haber llegado a la edad adulta sin diagnóstico no significa que la dislexia haya aparecido ahora

Si una evaluación confirma una dislexia en la edad adulta, no significa que haya comenzado recientemente. La dislexia es un trastorno del neurodesarrollo y sus características están presentes desde las etapas en las que se adquieren la lectura y la escritura.

Lo que puede cambiar es nuestra capacidad para reconocerlas.

Una persona adulta dispone además de muchos más recursos que cuando tenía ocho años. Puede organizar mejor su tiempo, utilizar correctores, elegir determinadas formas de trabajar o evitar situaciones que sabe que le cuestan especialmente.

Todo eso puede hacer que las dificultades sean menos evidentes desde fuera.

Incluso una trayectoria académica o profesional satisfactoria no permite descartar por sí sola la existencia de dislexia. La evaluación tiene que estudiar cómo funciona la lectura y otros procesos cognitivos relacionados, además de conocer la historia académica y las estrategias que la persona ha desarrollado.

¿Tiene sentido hacer una evaluación de dislexia siendo adulto?

Hay personas para las que comprender el origen de determinadas dificultades ya supone un motivo suficiente. Otras se plantean la evaluación porque empiezan unos estudios, preparan una oposición, han cambiado de puesto de trabajo o se encuentran ante nuevas exigencias relacionadas con la lectura y la escritura.

También hay quien simplemente quiere dejar de preguntarse por qué determinadas tareas siempre le han supuesto tanto esfuerzo.

Una evaluación neuropsicológica permite ir más allá de comprobar si te identificas con una lista de señales. Se utilizan pruebas estandarizadas y se estudia el perfil cognitivo para entender qué está ocurriendo y valorar si las dificultades son compatibles con una dislexia o pueden explicarse mejor por otros factores.

Entender tu historia también puede cambiar la forma de verla

Recibir un diagnóstico en la edad adulta puede hacer que algunas experiencias del pasado se entiendan de otra manera.

Quizá durante años pensaste que tardabas más porque te faltaba práctica. Que cometías errores porque eras una persona despistada. O que tenías que esforzarte más porque estudiar «no era lo tuyo».

Una evaluación no cambia lo que ocurrió, pero sí puede ayudar a entender por qué algunas tareas te exigían un esfuerzo diferente.

En Triune Neuropsicología, realizamos evaluaciones de dislexia en adultos en Sevilla mediante pruebas estandarizadas y una valoración del perfil cognitivo completo. El objetivo es determinar si las dificultades que has experimentado a lo largo de tu vida son compatibles con una dislexia y ofrecerte una explicación clínica útil sobre tu forma de procesar el lenguaje escrito.

Si el diagnóstico de tu hijo ha hecho que empieces a reconocerte en algunas de sus dificultades, puedes consultarnos tu caso y valorar si tiene sentido realizar una evaluación.

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