El TDA sin hiperactividad es una condición que suele pasar desapercibida porque no provoca comportamientos disruptivos ni impulsividad. Muchos niños y niñas con este perfil se muestran tranquilos, silenciosos y aparentemente atentos… pero en realidad están haciendo un enorme esfuerzo por concentrarse, seguir el ritmo de clase o terminar una tarea. Y ese esfuerzo, al no verse desde fuera, puede llevar a diagnósticos tardíos y a mucha frustración.
Este artículo busca ayudar a madres, padres y profesionales a comprender mejor qué es el tda sin hiperactividad, cuáles son sus señales más habituales y de qué forma puede afectar al aprendizaje y al bienestar emocional de los pequeños.
¿Qué es exactamente el TDA sin hiperactividad?
El TDA sin hiperactividad es una variante del trastorno por déficit de atención en la que la principal dificultad aparece en la capacidad para mantener la atención, organizar actividades y sostener el esfuerzo mental durante un periodo prolongado. A diferencia del TDAH combinado o hiperactivo, aquí no hay movimientos constantes, impulsividad ni conductas inquietas.
Este perfil, mucho más silencioso, se confunde fácilmente con:
- despiste
- falta de motivación
- inmadurez
- timidez extrema
Sin embargo, detrás de ese aparente “estar en su mundo” suele haber un cerebro que se fatiga más rápido, necesita más ayuda para mantener el foco y requiere estrategias específicas para organizar la información.
Organismos oficiales y asociaciones especializadas, como Autismo España o el propio Ministerio de Sanidad, llevan años visibilizando este tipo de dificultades en la infancia.
Señales tempranas de autismo en mujeres y niñas
Las señales pueden variar mucho entre niñas, adolescentes y adultas, pero existen algunos patrones frecuentes en el autismo en mujeres:
- Dificultad para seguir conversaciones en grupo.
- Sensación de agotamiento social después de actividades con otras personas.
- Hiperempatía o confusión emocional ante situaciones intensas.
- Rutinas internas muy marcadas.
- Problemas para entender dobles sentidos o bromas.
- Intereses intensos pero socialmente aceptados.
- Sensibilidad sensorial (ruidos, olores, ropa, luces).
- Dificultad para mantener amistades a largo plazo.
- Sensación de “vivir interpretando un papel”.
En niñas pequeñas, también pueden aparecer:
- Juegos solitarios muy elaborados.
- Dificultad para participar en juegos simbólicos compartidos.
- Preferencia por actividades repetitivas.
- Mucha necesidad de control o anticipación.
"El TDA sin hiperactividad no se ve en la conducta, pero se nota en el esfuerzo diario. Comprenderlo es el primer paso para ayudarles a crecer con más calma y seguridad."
Señales que pueden indicar TDA sin hiperactividad
Las manifestaciones más comunes del TDA sin hiperactividad suelen darse en el colegio o en situaciones que requieren concentración prolongada. Algunas señales habituales son:
- Dificultad para seguir la explicación del profesor durante varios minutos.
- Sensación de “desconexión” incluso cuando el entorno está tranquilo.
- Lentitud al comenzar tareas, como si les costara arrancar.
- Necesidad frecuente de que les repitan instrucciones.
- Problemas para gestionar el material escolar o recordar qué deben llevar.
- Mayor probabilidad de dejar ejercicios incompletos.
- Olvidos continuos en tareas, recados o plazos.
En muchos casos, estos niños no generan conflictos en clase, por lo que su dificultad puede no detectarse hasta cursos más avanzados. La calma externa puede hacer pensar que “todo va bien”, pero internamente están teniendo dificultades reales para seguir el ritmo.
Impacto emocional: cuando el esfuerzo no se ve
Una de las partes menos visibles del tda sin hiperactividad es el impacto emocional. Estos niños suelen esforzarse muchísimo para seguir el ritmo, pero como no destacan por conductas problemáticas, los adultos pueden interpretar que “no ponen atención” o que “no se esfuerzan”.
Ese malentendido puede llevar a:
- mayor presión por parte de la familia
- incomprensión en el colegio
- etiquetas injustas (“despistado”, “lento”, “vago”)
- desmotivación progresiva
Con el tiempo, este desgaste emocional puede convertirse en ansiedad escolar o rechazo a ciertas asignaturas, especialmente las que requieren atención sostenida.
Cómo ayudar a un niño con TDA sin hiperactividad
El acompañamiento debe ajustarse a su manera de procesar la información. Algunas estrategias útiles son:
Crear entornos más predecibles
Los niños con TDA sin hiperactividad responden mejor cuando saben qué viene después. Las rutinas, las agendas visuales y las instrucciones por pasos ayudan a organizar su día con claridad.
Dividir las tareas en partes pequeñas
La atención sostenida mejora cuando sienten que pueden avanzar poco a poco sin saturarse.
Reducir estímulos innecesarios
Ruido, pantallas o conversaciones paralelas pueden dificultar aún más su concentración.
Apoyar sin presionar
Acompañar las tareas escolares desde la calma y la constancia mejora su motivación y reduce la frustración.
Mantener un diálogo continuo con el colegio
Una buena coordinación entre familia y profesorado es clave para ajustar expectativas, adaptar tareas o modificar la forma en la que se dan las instrucciones.
Tratamientos y acompañamiento profesional
Si sospechas que tu hijo o hija puede estar mostrando señales compatibles con TDA sin hiperactividad, en nuestro equipo realizamos evaluaciones neuropsicológicas completas orientadas a detectar este perfil con claridad. Diseñamos planes de intervención ajustados a cada niño, trabajamos junto a las familias y colaboramos con el colegio para crear un entorno donde puedan desarrollarse con más tranquilidad y confianza.
